La paz es un recurso ¡Raro y valioso! ¡Hay que cuidarlo!

La llegada de refugiados a Europa y a Alemania supone un enorme desafío hacia el futuro.

Sin embargo, existen indicadores en política, economía, sociología y psicología social de los últimos años que me hacen dudar que este desafío pueda ser canalizado en forma constructiva hacia el futuro. Ojalá me equivoque y que de esta crisis que vive Europa, surja algo bueno para todos.

Yo siempre he creído y he tratado de practicar la idea de que “una crisis” no es ni buena ni mala. Es un hecho que acontece en la vida y que emerge a veces de improviso. Se trata, claro esta de un momento difícil, doloroso, des-estructurador. Pero es un momento para enfrentarse con valor, fuerza y claridad a los desafíos que nos plantea la vida.

En mi opinión, “crisis” no tienen la connotación negativa que mucha gente le da. Es un momento de transición, de transformación de creación de algo nuevo, y superación de algo viejo. El verdadero desafío no es la crisis en sí, sino lo que uno hace con ella.

 Superar la crisis como una sociedad global.

 Por lo tanto, la crisis o bien se la enfrenta con una perspectiva negativa y por consiguiente uno se sigue hundiendo en el problema o por el contrario uno la enfrenta con una perspectiva positiva y creativa, y sale fortalecido de esa difícil situación. La crisis se transforma de este modo en una oportunidad de renovación, crecimiento, transformación.

 Lo digo de verdad, ojalá frente a esta crisis Europa y la sociedad alemana, salga fortalecida y perciba este momento, como lo que es, una oportunidad para abordar en forma profunda los desafíos que supone ser de verdad (no retóricamente) una sociedad interetnica e intercultural en un mundo globalizado.

 Ahora ninguna país del mundo, por más poderoso y rico que sea, puede sobrevivir sin tomar en consideración las situaciones de violencia, desigualdad y pobreza que viven otros países y culturas consideradas muchas veces lejanas, diferentes, sin importancia.

 La verdad es que el planeta en sí es una unidad física, biológica e incluso energética que tienen límites. Y esos limites comienzan a ser percibidos cada vez más y la única posibilidad que tendremos hacia el futuro de poder sobrevivir en condiciones de paz es aprendiendo a cuidar este valioso recurso.

¿Una sociedad con una convivencia en paz, solidaridad y tolerancia?

Es una pregunta cada vez más Importante y Urgente. Pero es una pregunta sin solución todavía. En especial en países y regiones del mundo muy ricas, pero que en un contexto de desequilibrio y desigualdad, se ponen ellas mismas en peligro frente a la demanda de millones de seres humanos que quieren salvar sus vidas huyendo de catástrofes colectivas originadas por sequía, hambre, autoritarismo, confrontaciones Interétnicas y religiosas. La falta de perspectivas para los niños y los jóvenes en muchos de rincones del planeta está generando conflictos irreversibles y provocando que millones de familias busquen otros lugares donde sobrevivir.

 Existen múltiples informes de académicos, de organizaciones científicas, y Naciones Unidas que vienen advirtiendo durante décadas sobre los riesgos que enfrenta la sociedad contemporánea por los crecientes grados de interdependencia económica, política, cultural. Y advierten que, en el actual contexto de globalización, se originarán movimientos migratorios que pondrán en crisis la infraestructura y la capacidad operativa de los países europeos. Estos pronósticos se están adelantando, del mismo modo que el derretimiento de los hielos va a una velocidad más rápida de lo esperado.

Ya nadie puede decir que cambio climático, pobreza, violencia o guerra son problemas que afectan solamente a los países pobres del planeta. Hoy se sabe que el crecimiento desigual pone en riesgo a todos por igual, a los ricos y a los pobres, a los marginales y a los no marginales. De hecho no es casual, por ejemplo que en países como Chile donde la desigualdad social es muy alta, las capas sociales acomodadas (los llamados “ricos”) se sientan en peligro. Ese peligro es real, del mismo modo que el peligro para los países ricos de Europa, presionados por la fuerza migratoria, que es impulsada, a su vez, por la fuerza del instinto de supervivencia. Instinto que constituye una fuerza muy difícil de parar.

Al fin y al cabo todos estamos en el mismo barco, y por lo mismo debemos aprender y entender que crecimiento económico, político o militar ya no puede ser una lógica unidimensional de unos pocos que buscan beneficiarse de un negocio, hecho en países lejanos. Es tiempo de entender que con una estructura global muy desigual, todos los sistemas sociales, del centro y la periferia, entran en desequilibrio y terminan poniendo en crisis a todos los actores sin importar si son explotados o explotadores, ricos o pobres. Centro o periferia.

Aprovecho de dejar al lector un artículo (pdf) que publiqué el año 2007 y que aborda algunos aspectos relacionados con el fenómeno de la globalización, la migración y trauma psicológico.

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